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El diseño y los métodos: La creatividad


La palabra método suele generar un rechazo irreflexivo en nuestra profesión. Quizás ese rechazo sea producto de no entender su real significado. Pensar que la aplicación de un método conduce indefectiblemente a un resultado certero, algo así como asegurar que cumpliendo ciertas etapas se arriba a un resultado preciso, es no comprender la función de sistematizar los procesos. Existen procesos sistematizados y protocolos en muchas profesiones, sin embargo estos no aseguran resultados. Cualquier cirugía responde a métodos precisos, cualquier tratamiento oncológico respeta protocolos establecidos mundialmente, sin embargo el éxito de la operación o del tratamiento nunca está asegurado. Como en el diseño, el método no conduce a un resultado certero ya que existen muchas variables en el camino. Que cada paciente es un individuo y su organismo no tiene porque responder a un parámetro preestablecido es tan verdadero como que cada cliente o cada producto son distintos. De cualquier manera, esto no habilita a pensar que el diseño es aleatorio.Posiblemente quienes consideran que el diseño es ajeno al uso de métodos sea por minimizarlo al momento creativo, ese supuesto lapso de iluminación, peligrosamente representado durante años por una bombita eléctrica.De ser aleatorio, entonces el diseño es indelegable. E incluso, de ser así, ¿cómo se lo enseña?El proceso de diseño es mucho más abarcativo que un momento creativo, momento que, de cualquier manera, no está exento de métodos. A su vez, llama la atención que considerándonos profesionales creativos, conozcamos tan poco de los métodos diseñados para tal fin.“¿Conocen algún método aplicable al proceso creativo?” Al realizar esta pregunta a estudiantes o profesionales del diseño, la respuesta que obtengo es unánime: el brainstorming o lluvia de ideas. La forma en que lo describen es totalmente coincidente con lo que yo siempre consideré que era; a grandes rasgos podríamos decir que es una reunión donde los participantes proponen ideas ante un problema a resolver, y su característica principal es la no censura. Su objetivo es desbloquear procesos de prejuicios internos de cada participante y del grupo en su totalidad, para que afloren ideas que normalmente quedan ocultas por ser consideradas ridículas. Cuando en los años ’30 Alex Osborn creó esta técnica, muy posiblemente no estaba pensando en ámbitos de características similares a los estudios de diseño. ¿Por qué digo esto? Dado que su potencial reside en destrabar ideas que normalmente quedan autocensuradas por el miedo a la burla –situación muy propia de ciertos ámbitos empresariales– donde el empleado necesita de un espacio liberado para expresarse con soltura. Esto no suele ser necesario en el diseño, donde no existe censura, y las ideas fluyen libremente. Indudablemente la tormenta de ideas, como también se la llama, no es la técnica más propicia para aplicar a procesos creativos de diseño, pese a que sea la más conocida o casi la única conocida. ¡Cuánto que hablamos de creatividad y cuán poco que sabemos! La siguiente es una enumeración de algunos de los métodos que pueden utilizarse en procesos creativos, de los cuales, como dije, a duras penas conocemos el brainstorming, y muy raramente lo sabemos aplicar siguiendo el sistema de funcionamiento que su creador propuso: Mapas mentales, arte de preguntar, relaciones forzadas, scamper, listado de atributos, analogías, biónica, sleepwriting, método delfos, análisis morfológico, solución creativa, técnica clásica fase de proceso creativo, relajación, pensamiento mediante imágenes, visualización, mitodología, tabla comparativa entre técnicas de creatividad, triz, teoría de resolución de problemas inventivos, cre-in, 4x4x4, técnica de Da Vinci, seis sombreros para pensar, provación, do it, estratal, método 635. Si el rechazo a metodizar el diseño pueda estar sustentado en una simplificación del proceso en sí mismo, limitándolo a un momento de inspiración seguido por la tarea operativa de plasmarlo a través del programa gráfico de turno, entonces la creatividad cobra una dimensión desmesurada, para luego llegar a la conclusión de que la utilizamos en forma totalmente intuitiva. Sin embargo, la creatividad puede cobrar otra dimensión, de considerarla como la capacidad o habilidad de plantear, identificar o proponer problemas. La sola visión de un problema ya es un acto creativo, en cambio, su solución puede ser producto de utilizar únicamente la habilidad técnica. Los estudios proactivos, aquellos que realmente diseñan soluciones, ellos le dan esa magnitud a la palabra creatividad.

Por Jorge Piazza.



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