junio 23, 2011

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Estudiar en Australia

admin

El martes 28 de Junio, el departamento de educación australiana junto con la universidad Monash de Australia estarán brindando un seminario gratuito en Modena Design sobre las becas del gobierno y opciones de estudio en Melbourne.

Quedan invitados.

Monash University Seminario_Invite_1

junio 10, 2011

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El precio del diseño, por Jorge Piazza

admin

Los diseñadores conformamos un mercado donde el único accionar orientado a nivelar precios esta constituido por tarifarios, no siendo estos más que una referencia surgida a partir de encuestas realizadas entre los mismos diseñadores. Nuestra profesión esta requiriendo con urgencia de la aplicación de un método, que nos permita deducir precios con una base lógica, e interpretar el por qué de las innumerables variables que esos precios pueden tener en el mercado, que no están regidas por la intangibilidad propia de la palabra creatividad, sino por diversas situaciones mucho más concretas y palpables, las cuales deben ser gobernadas en forma consciente.

Para encarar la difícil tarea de buscar un criterio por el cual poder presupuestar servicios de diseño, nos vemos obligados en primera instancia a realizar una breve descripción de cómo es el contexto en el que el diseñador se desenvuelve.

La profesión de diseñador (tanto diseñador gráfico, industrial o de moda entre otras), es relativamente reciente, y su actividad no está regulada por entes que dicten parámetros en lo concerniente a la problemática del precio.

Esto provoca que cada vez que un novel diseñador enfrenta el inicio de la actividad profesional, deba realizar una investigación personal de cuánto se cobra en el mercado tal o cual servicio de diseño. Situación que también se repite cuando un estudio más experimentado aborda una problemática no antes afrontada.

Como consecuencia, los precios que existen en el mercado son producto de una extraña cadena de referencias y sugerencias, que muchas veces no se ajustan a la realidad del cliente, y casi siempre no contemplan la realidad del estudio o profesional.

Esto genera una gran confusión tanto para aquel diseñador que debe aplicarle un precio a su trabajo, como para el cliente, que compra sin tener una idea clara del valor de aquello que está comprando, con el agravante de que, de profundizar la búsqueda, este cliente se va a encontrar con precios muy dispares ante una misma pauta de cotización.

¿Pero dónde radica la tangibilidad del precio de un desarrollo de diseño?

El diseñador vende soluciones. Estas soluciones lo convierten en una empresa de servicios y su servicio está medido por el tiempo y la estructura dedicada a tal fin.

Esa estructura y ese tiempo aplicado sólo tienen sentido de ser si el estudio está concebido como un negocio, lo cual significa pensarlo como empresa.

Por más elemental que parezca el hecho de que dedicamos tiempo y estructura a armar un negocio, esto se suele contraponer a una característica muy propia del diseñador, que es la pasión.

Uno de los mayores impedimentos para que un diseñador conciba su actividad como un negocio es su propia pasión por el diseño.

Pasión que no debe desaparecer, pero que no puede traspasar los límites, atentando contra lo que es un negocio bien entendido.

A la hora de elevar un presupuesto de diseño, el precio resultante responde a una cantidad de costos que un estudio enfrenta y que no siempre tiene claramente individualizados.

Hoy muchos profesionales engloban todo el proceso de presupuestado bajo la palabra “creatividad” como símbolo de lo intangible, y forman el precio a partir de referencias que obtengan en el mercado.

Pero la realidad es que cada desarrollo de diseño pone en funcionamiento una estructura que tiene sus costos bien individualizados.

Estos costos (los estructurales) son los denominados costos fijos.

Podemos definir que costos fijos son aquellos que no varían proporcionalmente frente a los cambios en el ritmo del trabajo. Son ejemplo de costos fijos los gastos de alquiler, expensas, servicios (teléfono, gas, luz), sueldos de socios y empleados, cargas sociales, proveedores relacionados con la gestión interna (contador), etc.

A su vez, todo presupuesto incluye los que se denominan costos variables, que son todos aquellos costos originados en forma directa por el servicio vendido. Como ejemplo podemos citar: gastos de movilización, impresiones de copias, grabaciones de cds, contratación de terceros (ilustración, fotografía, etc.), impuestos producto de ese servicio, etc.

Hasta aquí no mencionamos un tercer componente, y que es el motivo fundamental por el cual existe un estudio de diseño: la utilidad.

Un estudio de diseño es un negocio, su objetivo es generar resultados económicos, y debemos encararlo como tal y por tal razón.

Punto de equilibrio

La suma de los costos fijos y los costos variables nos da el punto de equilibrio, que es la instancia en la cual el negocio se mantiene sin generar ganancias ni pérdidas.

Aquí cabe hacer expresa mención al ítem gastos estructurales, en los gastos fijos, y específicamente al tema sueldos, más precisamente a los sueldos de los socios.

Es muy común que los socios de un estudio, que no actúan como socios capitalistas sino que trabajan en forma activa, no tengan un sueldo adjudicado, quedando su sueldo sujeto al éxito comercial de la empresa.

El punto de equilibrio bien entendido, debe contemplar estos sueldos como parte de los gastos estructurales.

Como ya dijimos, la ganancia es el objetivo comercial de la empresa (estudio). Podemos decir que el punto de equilibrio, sumado a un lógico porcentaje de ganancia, es el precio (piso) que cada trabajo debería tener en el mercado.

Podemos dividir y categorizar las actividades que se llevan a cabo en un estudio de diseño en distintos tiempos. Y esos tiempos son mensurables en horas.

Por lo que, hasta aquí, el valor hora se presenta como la variable más claras en pro de encontrar un elemento de medición abarcativo y universal.

Para poder aplicar un costo horario al precio del diseño es necesario, como primer paso, categorizar los roles a llevar a cabo, en función a determinar los distintos tipos de hora que conviven dentro de un estudio.

De un análisis profundo de esa categorización y de la estructura que se pone en juego para dar respuesta a los desarrollos de diseño, surgen los elementos a tener en cuenta para la elaboración del precio del servicio de diseño.

Jorge Piazza - jorge.piazza@gmail.com

junio 3, 2011

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El perfil del diseñador

admin

Les ofrecemos a todos nuestros seguidores esta nota sobre el mundo del diseño. Que la disfruten.

Diseño devaluado

¿Cómo se llegó a que una profesión joven como la nuestra en tan poco tiempo haya pasado de ser casi desconocida, gozando de un prestigio misterioso propio de aquello que no se termina de comprender, a una masividad peligrosa que atenta continuamente con convertirnos en un oficio fácilmente reemplazable?

Seguramente las principales acusaciones recaerán sobre la tecnología. Indudablemente ver en la computadora un conflicto es necio. Quienes recordamos lo que significaba armar un original en cartón, con estilográfica y tinta cian sabemos muy bien de las ventajas que esta tecnología trajo aparejadas. De hecho la máquina no es el problema, el problema es quién la usa y cómo la usa.

Por un lado nosotros mismos, los diseñadores, hicimos un mal aprovechamiento de la tecnología. En lugar de agilizar y perfeccionar procesos para liberar nuestro tiempo y poder profundizar en temas que realmente hacen a nuestra profesión (esto si entendemos qué es nuestra profesión), se convirtió en el fin en sí mismo. En vez de ser una herramienta a nuestro servicio, pasó a ser una condicionante, que terminó igualando resoluciones gráficas y mediocrizando la respuesta del diseñador. En pocas palabras, quedamos limitados por la computadora a lo que ella nos permite hacer.

A su vez, la popularización de los entornos gráficos, y con ellos de los programas específicos provocó que, lo que aparentemente es diseñar, esté al alcance de la mano para cualquiera. Entonces, escuchar de parte de un cliente frases como: “¡Mi hija con el Corel lo hace más lindo!”, no es impensado.

Tampoco lo es una imagen digna de película de ciencia ficción (visto con los ojos de quien conoce el diseño pre-computadora) o mejor aún, de cuento de terror, donde uno no da dos pasos sin encontrarse con una vidriera que dice “diseño gráfico, talonarios, facturas…” y adentro unas cuantas máquinas fotocopiadoras y algunas computadoras.

Indudablemente eso no es diseño gráfico, pero gran parte del mercado potencial comprador de diseño no lo sabe. ¿Nosotros sí?

¿Qué es diseño gráfico?

Qué pregunta extrañamente recurrente para una profesión (diseño gráfico, en comunicación visual o como lo querramos denominar) que ya lleva cincuenta años de existencia en nuestro país, si nos focalizamos estrictamente en la primer camada de egresados de una universidad. Qué pregunta desconcertante cuando en el lapso de esos cincuenta años la oferta educativa creció exponencialmente llegando a que a hoy existen más de ciento cincuenta instituciones en la Argentina (entre públicas y privadas, universitarias y terciarias) donde se dicta diseño gráfico o algo aparentemente parecido. Alarmante crecimiento de una profesión que se puso de moda, pero que nunca pudo posicionarse de tal manera que cada nuevo profesional no se vea obligado a enfrentar la frase lapidaria: “pero entonces vos hacés dibujitos!”

Cuántos cambios que tuvo que soportar el diseño, cuando sus bases no eran sólidas. Llegamos a un presente confuso, donde conviven grandes estudios con trayectoria reconocida internacionalmente, infinidad de diseñadores que se preguntan a diario si no equivocaron la profesión, instituciones que educan desde el programa gráfico, espacios de debate donde se cuestiona el que seamos comunicadores, a la par de sostener que, no sólo lo somos, sino que gracias a ello podemos accionar mejoras en el mundo. Se entremezcla el branding y la gestión de marca con infinidad de chatarra gráfica cuyos responsables no son precisamente las casa de fotocopias; quienes consideran que comunicamos pero no debemos persuadir, con quienes ven en el diseño un oficio. Ámbitos de gobierno abriendo espacios al diseño a través de discursos que hablan de valor agregado, contrapuestos a informes que mencionan al emprendedorismo como un fenómeno en crecimiento ante la deficiente salida laboral. Teorías inaplicables, casi inentendibles, confrontadas a una realidad profesional devaluada que cotidianamente nos enfrenta al cliente y su contundente: “Lo haría yo, pero no tengo tiempo”.

Muchos debates internos que no parecen ser reflejo de amplitud de pensamientos sino de conflictos en pugna y posiciones no resueltas.

Situación de inestabilidad ampliamente justificada si reconocemos que aún esos debates son por demás de primarios, y ya deberían haber sido superados. Sin embargo vivimos una realidad que exhibe extremos nunca antes vistos, desde los megaproyectos interdisciplinarios donde las grandes señalizaciones son paradigmáticas, hasta un desorientante auge de muñequitos que trascienden las dos dimensiones, confundiendo algunos congresos de diseño con una gran juguetería.

Difícil el no quedarse perplejo frente a tanto estudiante sobre patinetas o comprando remeras, en ámbitos donde se debería estar discutiendo el por qué de una profesión con un futuro tan incierto.

Y ese futuro inestable responde a conflictos muy nuestros y mucho más comunes de lo que uno podría haberse imaginado. Partiendo del hecho de que estudiamos para ser profesionales del diseño pero sin embargo todos nos proyectamos como empresarios del diseño. El 95% de quienes estudian diseño tienen como objetivo el formar su estudio propio. Indudablemente nuestras falencias en gestión aseguran que nuestro camino hacia ese estudio no va a ser simple, y de hecho los errores y horrores que cometeremos no son nada originales, ya fueron realizados previamente por infinidad de profesionales que transitaron ese mismo camino.

Debemos capacitar empresarios del diseño.

El no estar capacitados para llevar adelante una empresa de servicios es piedra fundamental de nuestros conflictos. Este es uno de los puntos que debería haber sido solucionado antes de que el mercado educativo creciera, en pro de que lo haga con solidez. Me refiero a la necesidad de capacitar al diseñador en el uso de herramientas de gestión, dado que por sobre todas las cosas, la subsistencia comercial de los diseñadores va a depender de sus habilidades como emprendedores, y esto es una deficiencia natural de quienes deciden estudiar diseño (en términos generales) y una ausencia en los planes de estudio de las instituciones educativas.

Antes que diseñadores nos proyectamos como empresarios del diseño, situación que termina de definirse con una elemental investigación de los escasos y precarios puestos laborales en relación de dependencia que existen en el mercado.

Sin embargo, nuestro presente nos encuentra aún rechazando en forma sistemática la palabra negocios, es más, reemplazando el término cliente por el de comitente, en un supuesto intento por ennoblecer a nuestra profesión asemejándola a la medicina y sus pacientes. Indudablemente sería muy desagradable que el médico dijese: “que pase el próximo cliente…” Sin embargo cuando visitamos a un médico, lo primero que hacemos es abonar la consulta con nuestra tarjeta de medicina prepaga, para luego entrar a una sala de espera con veinticinco personas antes que nosotros. Pasado mucho más tiempo del deseado, cuando finalmente llega nuestro turno, nos encontramos frente a un profesional que con total convicción nos dice: “los triglicéridos están por las nubes, vamos a tener que suspender azúcares, grasas y harinas”. Conclusión: pagamos por adelantado, y luego tuvimos que esperar una eternidad para escuchar aquello que no queríamos saber.

Difícilmente el diseño pueda pararse en esta posición.

La medicina es un gran negocio, puede hablar de pacientes. Nosotros necesariamente tenemos que entender que tenemos clientes a los cuales les tenemos que vender nuestro servicio, y para colmo debemos luchar contra nuestra incapacidad natural para la venta, nuestro alto grado de informalidad y bohemia, y el hecho de que para ese cliente lo nuestro es simplemente apretar una tecla.

Jorge Piazza
jorge.piazza@gmail.com

junio 1, 2011

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Búsqueda Laboral: Administrativo

admin

Ref. 1063: ADMINISTRATIVO DE VENTAS para empresa Textil

Importante empresa Textil ubicada en Capital Federal se encuentra en la búsqueda de una persona para ocupar el puesto de administrativo de ventas para el área de facturación.

Serán sus tareas:
-Recepción de pedidos telefónicos -Carga de datos en el sistema de facturación. -Administración y archivo de facturas. -Colaboración en el área de administración de ventas.

Son requisitos para el puesto.
Poseer secundario completo, un mínimo de de 2 años de experiencia en el puesto, adquirida en empresas de alto volumen de facturación. Manejo de Sistema de gestión Ej. Tango o algún otro.

Valoraremos aquellas personas con buen manejo de las relaciones interpersonales y con una clara orientación al cliente.

Se ofrece:
Puesto efectivo y relación de dependencia. Horario: lunes a viernes de 08.30hs a 17.30hs. Remuneración acorde al puesto. Lugar de trabajo: Barracas.

Encargado de la búsqueda: Rubén Miguela 
Enviar CV a: ref1063@lgconsultora.com.ar
Con asunto: Nombre de universidad

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junio 1, 2011

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