Las Bellas Artes, por la alumna María Josefina Watson Lozada

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“Es bohemia y le pinta el ménage à trois (le patina el disco duro) “

1) Cuando al público general se le dice “estudio Bellas Artes” se generan 5 posibles respuestas. Esa es la ganadora. En primer lugar creen que uno está loco.
2) En segundo lugar, “qué copado que alguien siga su vocación…”, omitiendo la otra mitad del pensamiento que por alguna regla social de tolerancia se decidió no decir en vos alta “… a pesar de que va a morir de hambre”.
3) El tercer;
4) Y el cuarto puesto rayan fallidos intentos de pulirse y de no pensar subliminarmente algo negativo.
5) Y recién en quinto lugar llega una respuesta en verdad novedosa: “Qué bueno que alguien ve que el camino de la vocación es el camino tranquilo, no exitoso ni superfluo, por el cual realizarse como persona, ser feliz, y hacer feliz a quienes le rodean. Y luego, cuando se es feliz, se atrae a quien gusta pagar e incentivar a quienes viven con alegría y profesionalidad. Por lo que valoro a la persona que hace lo que Es, porque solo ésa persona, alcanzará el éxito”.

 El tipo de determinaciones y opiniones del 1º al 4º puesto existen especialmente en países del tercer mundo o en vías de desarrollo como nuestra querida Argentina, donde el arte y la cultura todavía no son del todo valorados. En países de mayor capital hay, por regla directa, más aprecio cultural y la escala del uno al cinco que nombré se da exactamente de manera invertida.

 ¿Por qué nos es tan complicado aceptar que pensar como “ellos” es normal, sano, e incluso más real? La respuesta es simple. Paradigmas. Pero este no es el tema que quiero abordar, porque no le hablo a este público sino a quienes estudian arte. Como yo, a los primero que tenemos estos paradigmas. Nosotros.

 Empecé la carrera con este tipo de paradigmas susurrándome el que me iba a morir de hambre. En vez de un joven aspirante a abogado, que ve su carrera universitaria como una carrera sobre una pista derecha, de asfalto y sin nada en el camino, yo miré hacia adelante y encontré una intrincada carrera de obstáculos.

 Desde chica mis padres me enseñaron que si uno no hace lo que se Es, nunca se es feliz. La primera deuda que tenemos para con la sociedad, o nuestra primera misión, es Ser nosotros mismos. Solo luego del éxito personal, llega el profesional. Por esto es que respondí con un sí al sonido del silbato que indicaba empezar a correr la maratón de esa carrera de obstáculos…

 Al principio, la primera vez, empecé corriendo. Y me caí, una y otra vez. Hasta que me harté y dejé la carrera. ¿Era culpa de la carrera? No, fue una cuestión personal. Me faltaba madurar lo suficiente como para darme cuenta de que es inhumano hacer una carrera que tiene estos obstáculos, y el primer error estaba en creer que estos paradigmas eran ciertos. Cuando la dejé intenté en otras carreras, pero no era lo mío. Por lo que volví, y tras haber madurado en otros aspectos personales, miré la pista de obstáculos que una vez corrí y vi que cada paradigma estaba (y está) errado.

 Pero seguían estando en el camino que quería volver a emprender. ¿Cómo quitarlos? La forma de que algo no te perjudique, es sabiendo de su falta de verdad. Entonces, emprendí otra vez la carrera, pero caminando a gusto. Los primeros obstáculos se disolvieron cuando ante ellos, en vez de hacerme la heroica, me acerqué con vergüenza y sinceridad a personas ya experimentadas en arte a pedirles consejo. Las respuestas que me dieron eran mucho más de lo que les podía llegar a pedir. A cada obstáculo, hubo montones que crecer. Algo que desmentir, algo que aprender. Y a los obstáculos que no podía resolver en el instante, los dejaba ser y continuaba caminando con el peso que cada uno produce hasta llegado el momento y la persona indicada con la cual se resolvería. Una vez descubierta la verdad que no conocía, el paradigma se disolvía solo.

 Mi carrera como “aspirante A” (Aspirante A Artista) se trata desde entonces, en mirar para atrás y ver que en el camino que recorrí ya no quedan obstáculos. Y que los de adelante, son mis enseñanzas.

 Veo cuán diferente es recorrer esta carrera como lo hice al principio, a como lo hago ahora. Al principio había tanto por aguantar y enfrentar ciegamente que lo único que te llevaba a pensar es “soy una genia si logro esta carrera porque superé esto y aquello”… jaja que boba. En cambio ahora veo que eso era un falso autoestima basado en éxitos sobre premisas poco ciertas; Por lo que al fin y al cabo el éxito logrado no era cierto ni duradero. Ahora veo que la carrera de artista es tan normal, cierta, acertada, degustable y ordenada como cualquier otra carrera.

 Si hay algo que quiero compartir es que recuerdo bien que al sonar ese silbato por segunda vez, aún creía esos paradigmas. Y la única solución, reitero, fue hablar, abrirse, preguntar, reconocer, comentar, ayudar, decir, estudiar, ir, venir, estar, salir. Creo firmemente que esa parte “Bohemia” con la que el público general nos mal mete en una bolsa a todos los que estudiamos arte como “los egocéntricos zaparrastrosos, que se dan con quién sabe qué, y que pretenden vivir del aire”, es una capacidad mucho más alta que lo que se sabe de ella. Esa capacidad de lanzarse a lo desconocido con fe y seguridad, es un Don. Básicamente, es como lo describí, pero de madurarlo puede obtenerse de él una jugosa personalidad multicultural abierta y rica, capaz de moverse libremente en el aquejumbrado mundo para el que tantas personas no están hechas, el de las relaciones interpersonales. 

 Esta capacidad es la falta de miedo, la voluntad, la proyección, la inteligencia y la fe del artista, en cada una de las personas que lo rodean, y en sí mismo. Solo gracias a ella es que uno se Mueve. Hay que ser uno mismo, hay que moverse.

 “Para poder crecer hay tres cosas a tener en cuenta: 1) Estudiar, el cerebro nunca tiene que enfriarse, hace bien mantenerlo a ritmo tibio. 2) Mirar, moverse, ir a galerías, estar al tanto de lo último, saber qué pasa en el ambiente. 3) Producir lo propio, subjetivamente. Sin uno de estos tres pasos, no se está creciendo completamente y de hecho no se producirá el tercero de manera correcta.” – María Jesús Gnecco, artista plástica, profesora Nueva Escuela.

 Un artista está hecho para moverse, para madurar su faceta “bohemia”, por así llamarla, hasta transformarla en la herramienta clave que nos permitirá realizar los 3 pasos constantemente a la vez.  Y, si, en las vacaciones muchos nos pondremos mochilas y haremos footing… junto con nuestros amigos de otras carreras.

 Como conclusión, la razón por la cual decidí contarles estas experiencias y perspectivas no es buscar adeptos a mis pensamientos, sino compartir las cosas que me desmentí a mí misma, y que quizás algunos gustarían por fin leer. Confío en que cada lector sabe y distingue qué es de opinión y qué corresponde a la afinidad al Arte y a su forma determinada de maquinar las ideas. Como estudiante, como persona que le gusta el arte, como hija, hermana, amiga, y creyente, les doy la posta que aprendí, para con gusto escuchar la ajena, y así crecer juntos.

 María Josefina Watson Lozada – Nueva Escuela, Bellas Artes, Turno Noche.

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